Síndrome del Túnel Cubital
Segundo síndrome de compresión nerviosa periférica más frecuente. El nervio cubital se comprime en el túnel cubital detrás del epicóndilo medial. Clasificación de McGowan-Dellon con 3 grados.
Características
El síndrome del túnel cubital es la segunda neuropatía compresiva del miembro superior por orden de frecuencia tras el síndrome del túnel carpiano, con una incidencia anual estimada en 25 casos por 100.000 habitantes [1]. Resulta de la compresión o la tracción crónica del nervio cubital a nivel del codo, principalmente en el canal epitrocleo-olecraniano (túnel cubital retroepitroclear). El nervio cubital es particularmente vulnerable a este nivel debido a su posición subcutánea superficial y a la reducción del 55% de la superficie del túnel durante la flexión del codo por encima de 90°.
Cinco sitios de compresión han sido descritos: la arcada de Struthers, el tabique intermuscular medial, la epitróclea, el túnel cubital propiamente dicho (entre el ligamento de Osborne y el olécranon), y la arcada del flexor cubital del carpo (FCU) [2]. El cuadro clínico típico asocia parestesias del 4.º y 5.º dedo (territorio cubital), debilidad de los músculos intrínsecos de la mano (interóseos, hipotenar, aductor del pulgar), y en las formas evolucionadas, una amiotrofia del primer espacio interóseo dorsal y de la eminencia hipotenar. El signo de Tinel en el codo y el test de flexión-compresión son las principales pruebas diagnósticas.
El tratamiento depende del grado de McGowan-Dellon: tratamiento conservador para el grado I (férula nocturna, ergonomía), descompresión quirúrgica para los grados II-III (descompresión in situ o transposición anterior) [3].
- El nervio cubital es un nervio mixto (motor y sensitivo) procedente del fascículo medial del plexo braquial (C8-T1). En el codo, atraviesa el canal epitrocleo-olecraniano (túnel cubital), canal osteofibroso entre la epitróclea y el olécranon, cubierto por el ligamento de Osborne (ligamento arcuato). El nervio inerva el FCU y la mitad cubital del FDP a nivel del antebrazo, y luego los músculos intrínsecos de la mano (hipotenares, interóseos, 3.º y 4.º lumbricales, aductor del pulgar).
- La compresión resulta de mecanismos múltiples: reducción del volumen del túnel en flexión del codo (aumento de presión de 7 a 14 veces), tracción longitudinal del nervio en flexión (4-8 mm de elongación), subluxación del nervio por encima de la epitróclea (presente en el 16-20% de la población), compresión por el ligamento de Osborne o la arcada del FCU, fibrosis postraumática o artrosis.
- Factores de riesgo: actividades profesionales con flexión repetida o prolongada del codo (> 90°), apoyo prolongado sobre el codo (trabajadores de oficina), secuelas de fractura del codo (cúbito valgo posfractura supracondílea infantil), diabetes (neuropatía subyacente), obesidad, hipotiroidismo, embarazo, movimientos repetitivos de flexión-extensión del codo.
- Complicaciones del síndrome no tratado: atrofia muscular intrínseca progresiva (primer interóseo dorsal, eminencia hipotenar) que conduce a una deformidad en garra cubital (4.º-5.º dedos), pérdida sensitiva permanente en el territorio cubital, pérdida de fuerza de pinza y de prensión, signo de Wartenberg (abducción del 5.º dedo), signo de Froment (flexión compensatoria del pulgar durante la pinza).
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- Grado I – Leve (parestesias intermitentes)
Parestesias intermitentes (hormigueo, entumecimiento) en el 4.º y 5.º dedo, principalmente nocturnas o posicionales (provocadas por flexión mantenida del codo). Sin déficit motor objetivo. Fuerza de prensión y pinza normales. Estudios de conducción nerviosa normales o con enlentecimiento leve. Tratamiento conservador recomendado con buen pronóstico.
- Grado II – Moderado (debilidad medible)
Parestesias persistentes con debilidad medible de los músculos intrínsecos inervados por el cubital. Disminución de la fuerza de prensión y pinza en dinamometría. Inicio de atrofia del primer interóseo dorsal. Estudios de conducción nerviosa anormales con enlentecimiento en el segmento del codo. Descompresión quirúrgica recomendada (in situ o transposición).
- Grado III – Grave (atrofia muscular)
Atrofia muscular intrínseca marcada (primer interóseo dorsal, eminencia hipotenar), garra del 4.º-5.º dedo, pérdida sensitiva significativa. Signos de Froment y Wartenberg positivos. Anomalías graves de conducción motora y sensitiva o respuestas ausentes. Descompresión quirúrgica con posible transposición anterior. Pronóstico más reservado ya que la recuperación nerviosa es incompleta tras denervación prolongada.
- Grado IIIb – Grave avanzado
Parálisis completa de los músculos intrínsecos cubitales con atrofia grave irreversible. Deformidad en garra cubital fija. Anestesia del territorio cubital. Pérdida funcional mayor de la pinza fina. EMG que muestra respuestas ausentes. Descompresión quirúrgica con pronóstico reservado para la recuperación nerviosa. Transferencias tendinosas (lazo de Zancolli, FDS a bandas laterales) pueden ser necesarias para corregir la garra y restaurar la función de la mano.
Tratamiento médico y quirúrgico
- Descompresión in situ: sección del ligamento de Osborne y de la arcada del FCU sin movilización del nervio. Técnica mínimamente invasiva o endoscópica. Tasa de éxito del 75-90% para los grados I-II. Ventaja: preservación de la vascularización del nervio. Contraindicada si subluxación del nervio o cúbito valgo.
- Transposición anterior del nervio cubital: subcutánea (la más frecuente), submuscular (bajo el grupo flexor-pronador) o intramuscular. Indicada en caso de subluxación del nervio, fracaso de la descompresión in situ, deformidad en cúbito valgo o grado III. Tasa de éxito del 70-85%.
- Epitroclectomía medial parcial: resección de la parte medial de la epitróclea para ensanchar el canal y aliviar la compresión. Técnica simple pero poco practicada aisladamente. Frecuentemente asociada a una descompresión o una transposición. Puede combinarse con un tratamiento de la epicondilitis medial asociada.
Tratamiento fisioterapéutico
- Tratamiento conservador (Grado I, parestesias intermitentes): educación del paciente sobre las posiciones de riesgo (evitar la flexión prolongada del codo > 90°, el apoyo sobre el codo). Férula nocturna de codo en extensión a 30-40° de flexión. Adaptación del puesto de trabajo (auriculares telefónicos, elevación de la pantalla).
- Ejercicios de deslizamiento neural (neurodinámica): movilización del nervio cubital en su trayecto (ULNT3 – Upper Limb Neurodynamic Test 3). Deslizamientos y puestas en tensión progresivas para mejorar la movilidad del nervio en sus túneles. Técnica de flossing: flexión de muñeca con extensión de codo en alternancia.
- Postoperatorio: movilización precoz del codo desde el D+2 al D+5 según el tipo de cirugía. Control del edema mediante crioterapia y drenaje. Masaje cicatricial para prevenir las adherencias. Movilización suave del nervio cubital transpuesto en su nuevo trayecto. Trabajo activo de la mano para estimular la reinervación.
- Rehabilitación de la fuerza y la destreza de la mano: ejercicios de fortalecimiento de los intrínsecos (interóseos, lumbricales) con resistencia elástica, pasta terapéutica. Trabajo de la pinza pulgar-índice, de la oposición y de la separación de los dedos. Rehabilitación sensitiva de la mano (discriminación de dos puntos, reconocimiento de texturas) si déficit sensitivo persistente.
Después de la sesión
Puedes sentir ligera fatiga o tirantez: es normal. Continúa los ejercicios enseñados en casa para mantener los beneficios de la sesión.
Preguntas sobre la Rehabilitación del Codo
¿Cuándo comenzar la fisioterapia después de una cirugía del codo?
La rehabilitación comienza generalmente entre 3 y 21 días después de la operación, según el tipo de intervención y la estabilidad de la fijación quirúrgica. Para las fracturas operadas mediante osteosíntesis estable (placa atornillada), a menudo se autoriza una movilización precoz desde D+3 a D+5 para prevenir la rigidez articular. En caso de prótesis de codo o reparación ligamentosa compleja, el plazo puede alargarse a 2-3 semanas con una inmovilización inicial con férula. Una revisión sistemática publicada en el Journal of Shoulder and Elbow Surgery confirma que la movilización precoz tras cirugía del codo mejora significativamente las amplitudes articulares finales sin aumentar el riesgo de complicaciones [Hackl et al., 2023] . Tu cirujano te indicará el momento óptimo en función de tu intervención específica.
¿Cuáles son los objetivos de la rehabilitación del codo?
La rehabilitación del codo persigue varios objetivos complementarios, adaptados a cada fase de la recuperación. En fase inicial (0-6 semanas), la prioridad es restaurar las amplitudes articulares en flexión-extensión (objetivo: 30°-130° mínimo para las actividades cotidianas) y en pronosupinación (50° en cada sentido como mínimo). En fase intermedia (6-12 semanas), se trabaja el fortalecimiento muscular progresivo de los flexores, extensores y rotadores del antebrazo, así como la recuperación de la estabilidad articular mediante ejercicios propioceptivos. En fase avanzada (3-6 meses), el énfasis se pone en la reintegración funcional: gestos de la vida cotidiana, actividad profesional y retorno deportivo. La literatura científica subraya que el arco funcional mínimo del codo (30°-130° de flexión-extensión, 50° de pronación y 50° de supinación) es necesario para realizar el 90 % de las actividades cotidianas [Mofidi et al., 2020] . El tratamiento de las cicatrices y la prevención de adherencias completan este abordaje global.
¿Es dolorosa la rehabilitación del codo?
Las técnicas utilizadas son progresivas y adaptadas a tu tolerancia. El codo es una articulación particularmente sensible a la rigidez y a las reacciones inflamatorias: una rehabilitación demasiado agresiva puede paradójicamente agravar la situación provocando osificaciones heterotópicas (formaciones óseas anormales en los tejidos blandos). Los ejercicios deben ser regulares pero nunca forzados . El fisioterapeuta siempre adapta la intensidad para mantenerse por debajo del umbral de dolor, respetando la regla del « no pain, more gain » específica del codo. Suele preferirse una movilización activa suave y regular, repartida a lo largo del día en secuencias cortas, para prevenir la rigidez; tras una lesión de codo se recomienda la movilización activa precoz [Akhtar et al., 2021] . Técnicas complementarias como la crioterapia , las microcorrientes y la terapia vibratoria Novafon permiten también controlar el dolor durante las sesiones.
Fuentes científicas
Duración media
3 a 6 meses tratamiento conservador, 3 a 12 meses recuperación nerviosa post-quirúrgica